Portada

Somos crueles al castigar, si no pregúntenle a Alexander Sørloth

Todos piensan que la moral es positiva, algo naturalmente bueno, pero la moralidad tiene dos caras: una positiva, que promueve la colaboración y el altruismo; y otra negativa, tan grave que ha causado millones de muertes y que se conoce académicamente como violencia moralista.

Quienes ejercen este tipo de violencia lo hacen creyendo que hacen el bien, como lo demuestra la historia de la humanidad con gulags, holocaustos y segregaciones.

Hace unos meses, el mundo se indignó: Alexander Sørloth, el famoso jugador de Noruega, le negó el pase a gol a Erling Haaland en el partido frente a Inglaterra. El joven del Atlético de Madrid ha recibido amenazas de muerte por no haber realizado tal asistencia.

Las acciones de los jugadores argentinos al final de su derrota frente a España también han sido castigadas social y digitalmente por la comunidad internacional. Piensa en cada momento del Mundial en el que la furia y la ira se apoderaron de un bando u otro durante esta justa.

No es un tema de bondad. El problema es que en la naturaleza humana está arraigada la moralidad punitiva. Estamos programados para castigar a quien consideramos malo. Es un rasgo evolutivo: de esa forma eliminamos a los individuos más violentos de nuestra especie durante el Pleistoceno, y ese impulso nos acompaña desde entonces.

Cuando castigamos podemos ser crueles porque la moralidad nos obliga a ello. Además de punitiva, la moralidad puede volverse absoluta: creemos que quien no comparte nuestras convicciones merece ser castigado.

El Mundial, igual que la moral, sacó lo mejor y lo peor de nosotros. Pero apuesto a que no pensabas que la moralidad también está detrás de algunas de las peores acciones cometidas por la humanidad a lo largo de la historia.

Publicar un comentario

0 Comentarios