Izquierda y derecha radicales tienen cuatro rasgos psicológicos en común: el descubrimiento que incomoda a los extremistas Un extremista de izquierda y uno de derecha pueden odiarse profundamente, pero psicológicamente podrían parecerse mucho más de lo que imaginan.
Los investigadores Jan-Willem van Prooijen y André Krouwel identificaron cuatro características frecuentes en ambos extremos políticos: malestar psicológico, pensamiento simplista, exceso de confianza e intolerancia. El hallazgo cuestiona la creencia de que el extremismo sea patrimonio exclusivo de una ideología.
La primera característica es el malestar psicológico. Las personas que experimentan incertidumbre, frustración o pérdida de sentido pueden sentirse atraídas por ideologías radicales que prometen explicaciones contundentes. Una causa política ofrece identidad, pertenencia y enemigos claramente identificables. El mundo deja de parecer caótico cuando alguien asegura conocer al culpable de todos sus problemas.
El segundo rasgo es la simplicidad cognitiva: reducir problemas extraordinariamente complejos a explicaciones en blanco y negro. La desigualdad, la inmigración o la inseguridad dejan de ser fenómenos con múltiples causas para convertirse en conspiraciones o consecuencias de un enemigo común. Mientras los moderados suelen reconocer mayores complicaciones, los extremistas encuentran respuestas aparentemente sencillas.
La tercera característica resulta todavía más inquietante: la sobreconfianza. Los extremistas suelen estar más convencidos de sus opiniones que quienes mantienen posiciones moderadas. Investigaciones sobre metacognición sugieren que algunas personas con convicciones políticas extremas también presentan dificultades para evaluar cuándo podrían estar equivocadas. La certeza subjetiva termina sustituyendo a la evidencia.
El cuarto rasgo es la intolerancia. Tanto en la izquierda como en la derecha radicales, el adversario puede dejar de ser alguien con ideas diferentes para convertirse en una persona moralmente inferior. Cuando las convicciones políticas adquieren carácter absoluto, escuchar argumentos contrarios parece una traición. La discrepancia deja de interpretarse como parte del debate democrático y comienza a verse como una amenaza.
Estos resultados no significan que todas las personas con posiciones radicales padezcan problemas psicológicos ni que los moderados sean necesariamente más inteligentes o virtuosos. Se trata de tendencias estadísticas identificadas en diferentes investigaciones. Tampoco implican que los extremos políticos defiendan proyectos equivalentes: pueden compartir mecanismos psicológicos y sostener ideas profundamente distintas.
La conclusión es especialmente provocadora para quienes dividen el mundo entre buenos y malos según su afiliación política. Las ideologías pueden enfrentarse por sus objetivos mientras reproducen mecanismos mentales semejantes. Quizá la señal más peligrosa del extremismo no sea defender ideas radicales, sino adquirir una certeza tan absoluta de nuestra superioridad moral que terminemos considerando innecesario escuchar a cualquiera que piense diferente.
Fuentes: Jan-Willem van Prooijen y André Krouwel, «Psychological Features of Extreme Political Ideologies», Current Directions in Psychological Science (2019), https://doi.org/10.1177/0963721418817755; Steve Stewart-Williams, «The Psychology of Political Extremism» (2025), https://www.stevestewartwilliams.com/p/the-psychology-of-political-extremism; Leor Zmigrod y colaboradores, «The Cognitive and Perceptual Correlates of Ideological Attitudes», Philosophical Transactions of the Royal Society B (2021), https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7935109/.

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